
“Te quiero chupar”. Dos puntitos y una línea curva que simulaban un par de ojos y una boca -de la que se asomaban dos colmillos- acompañaban el mensaje escrito en tinta azul. Lo llevaba en su antebrazo un joven de escuela superior, quien al finalizar su jornada escolar aún lo exhibía como quien expone un tatuaje recién completado.
Quien lo observa posiblemente piensa que se trata de un garabato más, de esos que se hacen los jóvenes sabrá usted por qué razón. Sin embargo, en este caso particular puede que no se limite a una mera oración. Existe la posibilidad de que el texto haya estado acompañado por la acción que advierte. Sí, aunque parezca difícil de creer o comprender, hoy día los jóvenes, además de “chuparse”, también se muerden entre ellos.
Hace varios meses, abcnews.com reportó acerca de jóvenes que se muerden entre sí, como un gesto de amor en lo que llamaron el efecto “Twilight”, que atribuyen a la gran popularidad que la saga de vampiros ha ganado en los últimos cinco años. Según informaron, se trata de una tendencia secreta pero creciente entre los adolescentes.
Eso es en los Estados Unidos y, al parecer, también se ha extendido a Puerto Rico.
“Me mordió un vampirito”
Para comprobarlo, visité un centro comercial del País muy frecuentado por los jóvenes durante el fin de semana. Aunque dudaba mucho de que tal conducta se manifestara entre los puertorriqueños, los testimonios y marcas que compartieron algunos adolescentes comprobaron lo contrario.
-Una amiga mía lo hace desde que salió la película “Twilight”. Cogieron guille de Edward y Bella y empezaron a morderse. Pero a mí no me gustan esas películas. A mí me muerden en el cuello pero es por jugar, compartió una joven de 15 años que no presentaba ninguna mordida visible.
-¿Qué significa que te muerdan?, pregunto.
-Es por chavar que te abrazan y te muerden. Pero hay otros a los que les gusta tener las marcas y decir ‘Ay, me mordió un vampirito’.
Su amiga, de 14 años, tampoco muestra evidencia visible de “haber sido atacada” hasta que abre el botón de sus mangas largas y las enrolla hasta el codo revelando varios moretones. La conversación se torna más seria aunque con una sonrisa, y sin reparos, ella lo cuenta todo.
-¿Es divertido?, indago.
-Sí. En mi caso porque me gusta que me muerdan. Me gusta el dolor. A veces me sacan sangre pero es casi nunca y lo hacemos entre amigos. Es sadomasoquismo, masoquismo… No sé. Hay veces que lo hacemos como un reto para ver quién aguanta el dolor por más tiempo. También comparamos el tamaño de los moretones.
-¿Tus padres han visto las marcas?
-No, porque siempre me las tapo, confiesa y desenrolla nuevamente sus mangas.
A la conversación se sumó otra joven, de 16 años, quien también gusta de morder y ser mordida.
-Lo hacemos por placer, por estar a la moda. Me gusta que me muerdan hasta que se me hinche la piel. Sentir cuando sacan los dientes y llega el dolor. Los moretones me han salido al instante.
Su novio, aunque callado, asintió con la cabeza.
Los entrevistados, cuya identidad mantuvieron oculta, coinciden en que es un gesto que sólo practican con “quienes tienen confianza”. Además, aseguran que no se trata totalmente de imitar a algún personaje de la ficción, sino de una forma moderna “de marcarse”.
Ser adolescentes
Atribuir la conducta a un grupo de jóvenes en específico, ya sea por la edad, subcultura a la que pertenezcan, clase social o escuela a la que asisten, no sería certero. Independientemente de las razones que los lleven a ejercer esta práctica, no debe pasar desapercibido que son adolescentes en plena etapa de desarrollo que andan en busca de su identidad.
“Están al día con la moda y andan en una búsqueda constante de ser diferentes a los demás. Necesitan diferenciarse de la generación anterior a ellos, que es la de sus papás. Entonces utilizan diferentes técnicas, modalidades o costumbres para marcar la diferencia. Esas son sus maneras de distinguirse y no quieren que les pongan etiquetas”, explica la Dra. Mayra Olavarría, psicóloga de niños y adolescentes y catedrática auxiliar del Recinto de Ciencias Médicas de la Universidad de Puerto Rico.
Por encontrarse en una etapa tan crucial del crecimiento, la doctora menciona que adoptar ciertas conductas -en este caso morderse- no es una acción anormal desde el punto de vista patológico.
“No le podemos de entrada poner un sello, porque si no estaríamos patologizando toda la conducta diferente que la gente tenga. En este caso, los jóvenes pueden estar imitando una tendencia específica pero, más allá de eso, están en una edad donde aún no están definidos y donde su sexualidad esta más exacerbada. Las hormonas andan revueltas. Entonces, como públicamente no es aceptable que anden por ahí haciendo manifestaciones de amor exageradas, utilizan y se identifican con un grupo que históricamente se ha caracterizado por representar la sensualidad, que son los vampiros. En ‘Drácula’ y películas como ‘Interview with the Vampire’ y ahora ‘Twilight’ hay una demostración de sensualidad y en ocasiones de sexualidad”, apunta Olavarría.
En ese sentido, morderse puede ser “una manera de bregar con el asunto de la sexualidad, que está latente y se está determinando, de una manera fuera de la norma”.
Más allá de que sea una tendencia o algo pasajero, hay que estar atentos a la conducta de quienes lo practican, pues su connotación puede ser más que una diversión.
“Cuando se vea que es una cuestión de disfrute del dolor, algo recurrente y que acompañe cambios en la conducta del menor, hay que estar más pendiente a ellos y lo que pueda estar ocurriendo a su alrededor”, enfatiza la doctora quien, hasta el momento, no ha atendido casos relacionados a esta tendencia.
Riesgo para la salud
“Las mordeduras humanas son más peligrosas que las de los animales. Son más agresivas”.
Para el doctor Benjamín Rodríguez, director de operaciones de la Sala de Emergencias del Centro Médico y ayudante especial del Secretario de Salud, el hecho de que los jóvenes practiquen este tipo de conducta representa un riesgo muy alto para la salud, más allá de los hematomas que puedan mostrar en la piel.
“En salud pública no aprobamos este tipo de comportamiento. Tenemos una población de adolescentes que cree ser invulnerable y por carecer de información está practicando este tipo de conducta, que lo que va a generar son infecciones que pueden también desembocar en su vida de adultos”, explica Rodríguez.
Según detalla el doctor, en la vía oral de los seres humanos habitan una serie de bacterias que están en su proceso de flora normal. Al salir de su hábitat, que en este caso se trata de la cavidad oral, y tener contacto con piel que presente algún tipo de rasgadura o abrasión con penetración y salida de sangre, esas bacterias pueden generar infecciones purulentas (con pus).
“Al llegar al torrente sanguíneo, en los casos más complicados, pueden desarrollar septicemia, que no es otra cosa que una infección en el torrente sanguíneo que invade todo el cuerpo. El cuadro se puede complicar aún más en adolescentes con diabetes, artritis o con otros problemas sanguíneos”, comenta.
Esos son algunos de los escenarios a los que los jóvenes se pueden enfrentar. Pero hay otros más. El contagio de enfermedades que se transmiten a través de la sangre, como el sida (VIH), herpes, sífilis, tétano y hepatitis, también es una posibilidad.
“Los riesgos son para ambos lados, tanto para el que muerde como para el que recibe la mordida. Esto sin sumar los otros peligros que representa para los muchachos que estén usando sustancias ilegales”, enfatiza.
Olavarría y Rodríguez coinciden en que los padres deben mantener comunicación abierta con sus hijos e indagar el porqué de sus acciones.
“Cuando les pregunten sobre el asunto, no los vayan a criticar o burlarse. Traten de convertirse en sus consejeros y ayudarlos, a la vez que asumen el rol de padres y ponen las reglas sobre las cosas que pueden o no hacer”, recomienda la profesional, mientras aclara que “esta tendencia, al igual que muchas otras que pueden adoptar los jóvenes, suelen ser pasajeras”.
Consejos para los padres
-Fomenta la buena comunicación con tus hijos. Cuando te sientes a hablar con ellos, hazlo con respeto.
-Pregúntales cómo se sienten al practicar las mordidas. Aunque estés escandalizado, disimula y trata
de entender las razones que ellos te ofrecen para explicar su conducta.
-Debes servir como vehículo de orientación sobre higiene y salud. Hay que darles las herramientas para que entiendan que ese tipo de práctica es peligrosa.
-No los critiques ni los minimices. Pon reglas que establezcan qué pueden o no hacer.
-Presta atención a su aspecto físico, si se cambian de ropa frecuentemente o encuentras en ella algún trazo de sangre.
-Vigila que esta conducta no se convierta en un asunto patológico.
Fuentes: Dra. Mayra Olavarría, psicóloga de niños y adolescentes y catedrática auxiliar del recinto de Ciencias Médicas de la UPR y Dr. Benjamín Rodríguez, director de operaciones de la Sala de Emergencias del Centro Médico.
Consejos para los jóvenes
-Recuerda los aspectos de la higiene y los riesgos para la salud que esta práctica representa.
-Aunque se trate de algo que esté realizando el grupo al que perteneces, evalúa las posibles consecuencias de tus actos.
-No sustituyas ni canalices todas tus emociones con este tipo de conducta. Existen otras maneras de expresarte sobre las cosas que te están sucediendo.
-Si entiendes que necesitas ayuda, hay expertos y consejeros que están dispuestos a ayudarte.
Cuándo buscar ayuda
-Si la práctica se da con demasiada frecuencia.
-Cuando esté acompañado de otras manifestaciones, como cortarse o utilizar algún objeto para causarse dolor.
-Al detectar cambios en el estado de ánimo del menor. Esto es, si lo ves muy lloroso o introvertido.
-Cambios en los patrones de higiene o alimentarios.
-Cuando la conducta interfiera con la vida diaria del menor.
Fuente: Dra. Mayra Olavarría
Psicóloga de niños y adolescentes y catedrática auxiliar del Recinto de Ciencias Médicas de la UPR.
Vampiros y Hollywood
El hecho de que los jóvenes adopten ciertas conductas características de la figura mítica del vampiro no se debe atribuir a un grupo o subcultura específica, según explica Orlando Peláez, autor del libro “Una tribu llamada góticos” y productor del documental “Góticos desde la oscuridad del alma”.
“Creo que esto no es algo que sea general dentro de la escena gótica. Según nuestra investigación, estos mundos fantásticos y las historias de vampiros son parte integral de la escena desde siempre. Esta nueva forma de compartir y emular la personalidad de los vampiros está creciendo, influenciada por los medios de comunicación, en especial las series de televisión como ‘Sesame Street’ y su famoso vampiro llamado Conde Drake o Conde Contar, ‘The Monsters’, ‘True Blood’, ‘The Vampire Diaries’, entre otras, que de alguna manera están cautivando a los jovencitos. Los adolescentes tratan de imitar todo lo que ven y en este caso comienzan a enajenarse de la realidad y comienzan a vivir la fantasía de creerse un vampiro”, comenta.
La “fiebre” de los vampiros, sin embargo, no es reciente.
“El vampiro siempre se ha caracterizado por ser un personaje muy de la aristocracia, elegante y sobrio. Sus colmillos afilados, sed de sangre y vida inmortal lo hacen muy famoso en el mundo entero. Tenemos por ejemplo al autor irlandés Bram Stoker quien, en 1897, nos presenta su obra de vampiros ‘Drácula’, en la cual expone esta historia romántica y de horror del Conde Drácula. Recordamos además como Béla Lugosi (nombre artístico del actor Béla Ferenc Dezso Blaskó, nacido en Transilvania) fue muy popular representando este personaje en múltiples películas”.
Peláez recuerda también otros vampiros como Wesley Snipes con su personaje en “Blade”, Tom Cruise en “Interview with the Vampire”, hasta los vampiros modernos de la saga “Twilight”.
“Desde comienzos del siglo XX, en la época experimental del cine, tenemos películas de corte vampiresco como ‘Das Cabinet des Dr. Caligari’ de Robert Wiene y ‘Nosferatu’ del director cinematográfico alemán F.W. Murnau”, finaliza.
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